Alberto no descarta ser CANDIDATO a diputado nacional pero lo dominan las dudas

 

Por Eduardo Gargiulo

 

Lo que figuraba apenas como especulación en algunos ocasionales análisis, nutridos más de fantasía que de información, de pronto para muchos tomó cuerpo del modo menos pensado, a partir de una encuesta telefónica.

Como antecedente, durante el 2020 desde Terrazas se habrían contratado al menos dos encuestas, para medir la imagen de la población sobre el manejo de la pandemia por parte de los gobiernos nacional y provincial, y también la instalación de los dirigentes opositores. Nada novedoso: desde siempre los hermanos fueron afectos a tomar decisiones basados en los datos científicos que arrojan los estudios que intentan predecir las conductas sociales. Por lo que trascendió, al principio los números fueron favorables –hasta junio- pero luego se volvieron claramente negativos. Al mismo tiempo, subía la consideración sobre el ex gobernador devenido senador nacional.

Cuando el año pasado expiraba, hubo un hecho político que dominó la agenda pública y cuyas derivaciones evidentemente tendrán reflejo en lo político. El último gran debate legislativo sobre el aborto aportó preocupación en la mesa chica que suele deliberar en la residencia particular de El Durazno, por las implicancias que seguramente tendrá en la evaluación de muchos electores, a la hora de decidir su postura en las urnas.

El voto a favor de la despenalización que impulsó Alberto Rodríguez Saá le pudo hacer ganar algunos adeptos entre el progresismo, pero sin dudas perdió terreno en el electorado independiente y no tanto, enrolado en el catolicismo puntano más ortodoxo y conservador, liderado por el propio obispo Gabriel Barba. Las multitudinarias movilizaciones que encabezó el alto prelado abrieron una grieta en la buena relación con Terrazas, que comenzaron a verlo como un potencial referente opositor.

Podría haber expresado alguna declaración, grabar un videíto, pero salir a la calle y arengar a la gente fue demasiado. Al gober no le gustó nada, reconoció un operador cercano al mandatario.

La “ganancia” que pudo obtener Alberto Rodríguez Saá con el voto positivo de sus diputados y la senadora nacional Eugenia Catalfamo, para colmo, la debió compartir en igual medida con los opositores radicales José Riccardo y Alejandro Cacace. El único que votó en contra fue justamente Poggi que, como buen contador, calculó costos/beneficios y no dudó (más allá de sus respetables convicciones). El otro gran actor, Adolfo Rodríguez Saá, que tenía pensado votar en contra, resolvió un insólito faltazo, tras una oportuna llamada que recibió del propio presidente Alberto Fernández. Decisivo favor que seguramente encontrará alguna compensación, pero que en términos políticos contribuyó a devaluar su ya declinante imagen.

NUEVA ENCUESTA

Este año el estudio del comportamiento avanza sobre el plano electoral. Una encuesta telefónica que comenzó a realizarse la primera semana de 2021 consulta sobre intención de voto de Alberto, su hermano Adolfo, Claudio Poggi, Natalia Zabala Chacur, Anabela Lucero, Eduardo Mones Ruiz y Carlos Ponce. Es el primer sondeo que se concreta con la intención de medir tendencia electoral, dado que anteriormente se analizaba imagen de la gestión, por lo que la propia encuesta disparó la curiosidad en muchos y la preocupación en las filas opositoras, que intentan desentrañar cuál es la estratagema que ejecutará el oficialismo para las inminentes legislativas.

Para algunos es un error metodológico juntar los tres nombres iniciales al segundo lote, porque al existir sólo una chance para contestar se los minimiza en su real peso específico. Otros en cambio sostienen que es un modo “real” de medir las segundas líneas.

De la elección de los nombres surgen al menos cinco lecturas: 1) El justicialismo no descarta poner “toda la carne al asador” (usando al propio Alberto), lo cual denota que, en su cálculo, de no ser así la elección podría perderse; 2) El único opositor que se mide es el senador Poggi, instalado claramente como el principal contendiente; 3) Se omite al radicalismo de la disputa; 4) De seis nombres propios, el oficialismo incluye dos mujeres, la jefa de gabinete y la diputada por Pedernera, a pesar que en algún momento se barajó el nombre de la dra. María José Zanglá por la instalación provincial que cosechó a partir de su participación televisiva en los habituales reportes del Comité de Crisis; 5) La inclusión del nombre del ex presidente lleva la intención de medir cuánto podría restarle al oficialismo -y a la propia oposición- su hipotética candidatura.

Por lo que se conoce, la consultora entregaría esta semana en Terrazas las primeras conclusiones del sondeo, que marcarán los lineamientos de las futuras definiciones, no sólo de candidaturas sino también de la propia estrategia electoral.

Si, como se estima, surgiera una fuerte polarización entre el mandatario y el senador opositor, Alberto Rodríguez Saá se verá obligado a tomar una decisión que no le simpatiza para nada: ser primer candidato a diputado nacional y poner toda la estructura de la gestión gubernamental detrás suyo, para evitar una nueva derrota, como sucedió en los comicios presidenciales de 2019.

En ese caso, lo más seguro es que no habría desdoblamiento de la fecha electoral y se unificaría la elección de cargos provinciales con la de legisladores nacionales. También deberá considerar si le sirve o no que se presente su hermano como candidato, por lo que no resultaría extraño que pueda recrearse algún acercamiento entre ambos, en absoluta reserva, a sabiendas que no sería por afecto sino por mutua conveniencia. Ya se sabe que en política no existe la amistad, sino los intereses recíprocos.

A TODO O NADA

Para instalar su candidatura seguiría la práctica de manual de otras ocasiones: operativo clamor. Distintos dirigentes, corrientes y sectores coincidirían “espontáneamente” en expresar la necesidad de que se postule para encarnar la “defensa de los intereses de San Luis” ante la nación. Luego de varios días de batir el parche y sumar argumentos, resolvería la aceptación, empleando un tono épico y presentando su decisión como un “acto patriótico de desprendimiento y generosidad”.

La preocupación que desvela al gobernador sobre su hipotética y heroica candidatura, es que nada garantiza que efectivamente le vaya a permitir un triunfo sobre su odiado rival. En la intimidad teme que el previsible desgaste del régimen político instalado hace casi 40 años sea un obstáculo difícil de remover.

Puesto a imaginar los dos escenarios posibles, sabe que se juega todo su capital: si triunfa, sepulta a Poggi en sus aspiraciones de 2023 y se pone a cimentar la continuidad de la dinastía con Alberto junior. Una derrota, en cambio, terminaría por diluir su poder durante los últimos dos años de gestión y facilitaría la llegada al poder de su archienemigo.

Apasionado por el ajedrez, Alberto Rodríguez Saá analiza la mejor jugada. Por primera vez teme que su nombre no asegure el jaque mate. La partida es de final incierto. El problema es que a diferencia de aquél juego, en política no existen las tablas.