¿DÉJÀ VU?

Por Eduardo Gargiulo

 

Comenzó a desplegarse el temido “Aparato”. No, no se trata de los penes de madera que tanta polémica y sorna generaron. El concepto refiere a la batería de medidas gubernamentales destinadas a influir en el electorado, ganando adhesión de sectores hoy descontentos o, al menos, escépticos sobre la gestión del gobierno provincial.

Con encuestas que marcan una fuerte instalación de la figura de Claudio Poggi en el horizonte opositor, como figura excluyente, a nadie debería extrañar que el oficialismo apele a la práctica de manual que tantas veces ejecutó, para ensanchar su base de simpatía social.

Algunas acciones, como fue la creación de la Policía Ciudadana en el mes de marzo, con 900 nuevos efectivos patrullando las calles, fue una medida reclamada y esperada por la sociedad. Su lanzamiento se inscribió en un pomposo Plan Integral de Seguridad Ciudadana, aunque su eficiencia está puesta en duda, frente a los asaltos cotidianos que se siguen registrando.

El 1° de abril, al inaugurar el período de sesiones legislativas, el gobernador Rodríguez Saá ya había dado algunas pistas, cuando anunció una inversión de 26 mil millones de pesos “para movilizar todas las estructuras económicas» que se paralizaron por la pandemia de coronavirus.

Es decir, a diferencia de otras oportunidades, esta vez el justificativo está anclado en la pandemia y la pos-pandemia, y la necesidad de inyectar fondos para reactivar la economía. Nadie dice que eso sea algo negativo o falaz, sólo que el 42% de pobreza actual que acusa San Luis sugiere que debería habérselo hecho un poco antes, ¿verdad?

Como tantas otras ocasiones, el costo del «aparato» que se desplegará en lo que resta del año será millonario, pero no afectará las arcas provinciales, gracias a la devolución de la deuda que mantenía la Nación con San Luis. En esa línea se inscriben los 5 mil créditos de hasta 1 millón de pesos para emprendimientos, los 1.600 millones del plan de obras recientemente anunciadas, las anteriores que se están ejecutando o por licitar en diferentes localidades, las becas, los subsidios a la energía, el turismo y las nuevas inversiones, la pauta oficial a los medios y redes sociales, etc.

Para algunos, esta vez Terrazas se demoró en anunciar las obras. Porque ahora viene la etapa administrativa, preparar las licitaciones, publicar, adjudicar, firmar decretos…proceso que demandará no menos de 45/60 días. Pero el primer test electoral es en 52 días: las PASO del 12 de setiembre.

En el gobierno replican, confiados, que en realidad la final se juega en las elecciones generales del 14 de noviembre, tiempo suficiente para poner en marcha la mayoría de las obras, generar entre 5 y 6 mil empleos y provocar un “shock” de reactivación en la economía, mejorando el “humor social”.

En la oposición sufren cada anuncio como un estiletazo y también calculan, almanaque en mano, cuánto efecto podrían tener estos anuncios en el votante medio. En sus análisis no dejan de rememorar lo ocurrido en 2017, cuando tras ganar con amplitud las primarias, luego el oficialismo logró dar vuelta el resultado con un más que obsceno despliegue de recursos oficiales. Aquella experiencia ocurrió y dejó huellas traumáticas que se intentarán capitalizar desde el “background electoral”.

Pero no es ésa la única preocupación que inquieta a los principales armadores opositores, que en apenas semanas pasaron de ser un bloque homogéneo a disgregarse en dos o tres sectores, con lo cual se debilitan ostensiblemente sus chances. Para algunos la ruptura entre Avanzar y la UCR fue fogoneada desde Terrazas, aunque detrás de sus vidriadas paredes perjuran inocencia. La verdad nunca se sabrá.

Lo cierto es que en la oferta opositora aparecerán como candidatos a diputado nacional Claudio Poggi (San Luis Unidos), posiblemente José Luis Riccardo (UCR) buscando su reelección, Joaquín Mansilla (de Libres del Sur, con apoyo del ex intendente Enrique Ponce). Todos actores que supieron convivir bajo el mismo paraguas. A ellos podrían agregarse Alfonso Vergés (Todos Unidos), la izquierda y un par más.

Este jueves restarán 115 días para las cruciales elecciones legislativas. El único cambio en la estrategia oficial es que esta vez unificó la fecha de los comicios y unió su suerte al gobierno nacional, cuya imagen cosecha un fuerte descrédito en todos los sondeos. Habrá que ver si por esa opción sufre algo más que daños colaterales. Por lo demás, la duda principal pasa por anticipar si la realidad del empobrecido electorado puntano responderá a la famosa frase del filósofo de café Jacobo Winograd, “Billetera mata Galán”, o si el desgaste de casi 40 años de gobierno se traducirá en las urnas.

Repasando: como ha ocurrido siempre, el oficialismo empleará todo el aparato oficial para captar adhesiones y la oposición marchará a la batalla atomizada, también como ha sucedido tantas otras veces. Nada novedoso por cierto. ¿Déjà vu?