El Congreso, una teta besada y las redes

Por Eduardo Gargiulo

 

Resulta apasionante repasar como un mismo tema es capaz de generar tantas reacciones disímiles. Las redes sociales, entre ellas Facebook, albergaron desde duros cuestionamientos hacia la escena erótica protagonizada por el diputado porteño trasplantado en Salta, hasta cientos de ingeniosos memes y una canción, junto a reflexiones agudas sobre la hipocresía de la sociedad, que se escandaliza más por una teta besada que por hechos mucho más graves.

Sabido es que el sexo sigue siendo un tema difícil de abordar, y cuando adquiere taaaanta visibilidad en un contexto de taaanta honorabilidad, como se supone es una sesión legislativa, el escándalo está a la vuelta de la esquina. Vaya ironía, el mismo diputado asumió sus funciones a pesar de haber sido acusado por acosar menores y golpear mujeres. Aquello no escandalizó tanto, parece, porque no se vió. Esto sí, y por televisión. Tampoco importa si fue involuntariamente. Las imágenes se volvieron virales y recorrieron el mundo.

El abochornado diputado presentó su renuncia y se la aceptaron. Aunque la polémica sigue abierta y los comentarios que siguen circulando en las redes son el combustible que la alimentan. Y que nos permiten auscultar la complejidad, variedad y riqueza que caracteriza al ser humano. A nosotros, personas de carne y hueso, que respondemos de acuerdo con nuestra formación, principios y valores, pero también desde nuestra propia historia personal e intereses. Todo eso entra en juego a la hora de evaluar –incluso juzgar- algo que ocurre, vemos o sentimos.

¿Pero Ud. que opina, está mal o bien?, podría disparar alguien deseoso de saber si la postura del que escribe coincide con la suya.

Le respondo: sinceramente me parece todo muy gracioso y menor, casi anecdótico. Con sus antecedentes, ese diputado nunca debió serlo, sin embargo lo votaron. Coincido que en este país pasan cosas gravísimas y trascendentes que nos afectan a TODOS los argentinos, sin que merezcan tanta atención pública.

Dicho esto, que hayan corrido como a un perro a este personaje no genera en mí ningún ánimo de defensa. Hasta puede verse como una reacción obvia por parte de sus pares, cuya reacción corporativa los obliga a tomar distancia para salvar su imagen del escarnio público.

Si a Ud. le parece mal que lo echen, está en derecho de pensarlo. Si Ud. cree que fue correcto, también. ¿Quién es el dueño de la verdad? Como dijimos, cada uno piensa y reacciona de acuerdo con su propia historicidad. Tengamos la capacidad de respetar al otro, aunque odiemos su postura.

Pero coincidamos en algo: esto no es lo peor ni lo más grave que nos pasa como sociedad. Ojalá nos escandalizáramos en serio con los índices de pobreza, la desigualdad social o la corrupción. Que no la vemos por la tele o el face, sino todos los días, en la realidad.