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La Naty es re-piola…; la ministra se equivocó

En las últimas horas se viralizó un video casero, donde se observa a la ministra de Educación Natalia Spinuzza, reconociendo la resaca después de fumarse un porro.

Durante su mensaje íntimo por whatsapp a un grupo de amigos, relata los detalles de sus vacaciones en Holanda, junto con su esposo, los amigos que conocieron, las cervezas que tomaron, su recorrido por la “Zona Roja” y su visita a un sex-shop.

De poco sirve elucubrar quién lo filtró, para que cayera en las manos que cayeron. Ese es un tema que la propia Spinuzza deberá investigar, para replantear sus amistades. 

Está fuera de discusión que cada uno hace con su vida lo que mejor le plazca. Que nadie tiene derecho a juzgar a nadie, si se trata de adicciones, preferencias sexuales o religión. Que todo indica que fue un viaje familiar, no oficial, como el que cualquiera puede hacer, incluso una ministra de Estado. 

El problema aquí no es ese, sino precisamente la difusión. Mientras permanecen en la intimidad nuestros costados más oscuros, esos que no entran en el currículum, incluso los peores defectos, nadie puede arrogarse derecho a censura o el monopolio de la virtud. Cuando salen a la luz, el control social se vuelve impiadoso. 

En pocas horas, la ministra se convertirá en hazmerreir del mundo entero, cuando lo comiencen a reproducir los portales nacionales e internacionales. Su permanencia en el cargo será insostenible, si en verdad se pretende que el escándalo no termine salpicando la propia gestión. 

Aunque no sea del todo cierto, le achacarán la doble moral: ser ministra de Educación, encargada de tutelar el funcionamiento de las escuelas, donde se transmiten saberes y valores a niños y adolescentes, y al mismo tiempo padecer una adicción que está instalada en el país como un verdadero flagelo social. 

La historia suele proporcionar enseñanzas que nos permiten interpretar ciertos hechos. Se atribuye a Julio César una frase que hacía referencia a la importancia que tenía en la sociedad romana la mujer del emperador, que no solo debía ser honrada sino parecerlo. Según la historia, Julio César se divorció de Pompeya Sila al poco tiempo de ser ungido emperador, porque ella asistió a una Saturnalia, orgía sexual que se permitían las damas romanas de la aristocracia en algunas oportunidades. Anunciado el divorcio, las más conspicuas matronas del patriarcado romano pidieron a Julio César la revocatoria de su divorcio, ya que su esposa, Pompeya, había asistido solo como espectadora y no había cometido algún acto deshonesto. Julio César contestó: “La mujer del César no solo debe ser honrada, sino además parecerlo”. 

Lamentablemente, Natalia Spinuzza, con el gracioso relato de su travesía holandesa, aparece como una mina re-piola y simpática. Pero ha dejado de parecer ministra de Educación. 

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