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¿Puede ganar Claudio Poggi en las elecciones del 16/06?

En este inédito proceso electoral, la pregunta comenzó a circular en las trincheras de las principales fuerzas políticas. Una proyección a partir de los resultados de los últimos comicios. (Análisis)

A dos meses exactos de las cruciales elecciones generales en nuestra provincia, buena parte del electorado sigue con atención los movimientos políticos de las distintas fuerzas que pretenden gobernar a partir del 10 de diciembre. La inédita división de fuerzas entre Adolfo y Alberto Rodríguez Saá, abre una coyuntura favorable nunca vista para que la oposición pueda llegar al poder, desbancando al oficialismo gobernante hace 36 años.

Superada la etapa previa, en la que pocos daban veracidad a la pelea que animaban a diario los hermanos, recién ahora, que cada uno se inscribió por separado con sus propias listas, desde la propia oposición han comenzado a soñar que esta vez sí se les puede ganar.

Dejando de lado las sensaciones -como siempre subjetivas, arbitrarias y a menudo intencionadas- y las encuestas –en general poco confiables-, resta ubicar algún parámetro objetivo en el cual poder respaldar un análisis. Queda claro que en política no existen las cuentas lineales y a menudo 2 + 2 son cualquier número menos 4. No obstante, los resultados de las últimas elecciones sirven para efectuar proyecciones, a manera de referencia imparcial del comportamiento electoral en un tiempo y lugar cercanos.  

Aunque próximas en el tiempo, la memoria suele desdibujar o licuar los números cuando la pasión o el fanatismo nublan la razón. Por eso es válido retrotraernos a las Primarias de agosto de 2017, cuando el entonces candidato a senador nacional Claudio Poggi obtuvo un resultado contundente, que parecía irreversible.

 

Más de 50 mil votos de diferencia, 20 puntos porcentuales, hicieron pensar a muchos en el principio del fin del poder acumulado por la familia Rodríguez Saá. El periodismo nacional centró la lupa en San Luis, al igual que el gobierno nacional, convencidos que asistían a la caída del último resabio de poder feudal.

Sin embargo, esa elección sólo sirvió para medir fuerzas. Faltaban dos meses para la general. Aunque muy pocos pensaban que pudiera torcerse el resultado, por razones que cada uno explica a su manera, los hermanos lograron reponerse y en las elecciones de octubre vencieron por poco más del 55% a Avanzar-Cambiemos, que quedó sumido en una profunda depresión, a pesar del 43% obtenido. 

¿Qué hechos sucedieron desde aquellas elecciones a esta parte que pudieran modificar aquél último resultado? Fundamentalmente dos: 1) La división del oficialismo, que propone por separado las candidaturas de Alberto y Adolfo Rodríguez Saá; 2) La alianza que anudó Claudio Poggi con el intendente de San Luis, Enrique Ponce.

La consecuencia del primer hecho está clara: la adhesión electoral al oficialismo provincial se divide por dos. Lo segundo es un poco difuso, aunque también en este caso hay un parámetro para analizar: las elecciones municipales de noviembre del mismo año, ocasión en la que se impuso el Frente Justicialista.

 

Si se observan los porcentajes, queda claro que el PJ ganó porque la oposición compitió dividida, algo que en esta oportunidad no ocurrirá. Por lo tanto, los números fríos parecieran indicar que en las elecciones del 16 de junio existe la posibilidad concreta que la alianza San Luis Unido (con la fórmula Poggi-Ponce), obtenga un claro triunfo en el principal departamento de la provincia, en términos electorales. Esta certeza se sustenta, además, en la buena perfomance que obtendría en la ciudad de La Punta, gobernada por Martín Olivero.

En las filas opositoras dan por descontado este buen resultado, pero saben que con este solo bastión no es suficiente. Suman la esperanza de ganar en otro departamento importante: Junín. Si así fuera, crecerían efectivamente sus chances de alzarse con un histórico triunfo, porque con una elección discreta en el resto de la provincia le resultaría muy difícil a los dos frentes liderados por un Rodríguez Saá contrarrestar aquella diferencia.

Hay algo más: la peor elección opositora sumó 43%, cuando aún Ponce especulaba con ser candidato a gobernador en un tercer espacio alternativo a Poggi y los Rodríguez Saá. Ahora suma a la alianza opositora. 

¿Cuáles podrían ser las debilidades de la oposición? En principio, que ninguno de los dos candidatos son del departamento Pedernera, el segundo en importancia en la provincia, tal y como suelen conformarse las fórmulas desde la lógica. Algo que sí registran los vices que acompañan a Alberto (Eduardo Mones Ruiz) y a Adolfo (Marcelo Sosa). ¿Cómo medir si esa cuestión tendrá algún peso en la mente de los electores de Villa Mercedes a la hora de resolver su voto?

El otro factor que podría perjudicar sus chances es ser la alianza que representa al presidente Mauricio Macri, que viene en franco declive y difícilmente pueda obtener la reelección, si se ratifica el agravamiento de la situación económica, como señalan todos los indicadores. No obstante, tuvo a su favor lo que en principio parecía una contra: el propio desdoblamiento electoral que dispuso el gobernador terminará favoreciendo más a la propia oposición, que no tendrá que llevar en su boleta el ancla de la figura presidencial, a quien no nombran ni por casualidad.

Estas proyecciones, naturalmente, también habilitan una inquietante pregunta: a falta de PAS, que hubiera servido de termómetro como en 2017, qué pasará si a fines de mayo los Rodríguez Saá advierten, encuestas mediante, que separados, pierden con Poggi? ¿Se bajará alguno para asegurar la continuidad del poder? Incluso si simularan una reconciliación, ¿no será demasiado tarde?

Hasta aquí cálculos, proyecciones, interpretaciones que intentan ajustarse a resultados dados en otro contexto. Después están los que todo-lo-saben-y-vos-no-entendés-nada. Los que repiten frases hechas disparadas desde sus propios deseos: “El Adolfo no existe”. “Poggi ya fue”. “Al Alberto no lo quiere nadie”. O: “Poggi gana por afano”. “Por la crisis, el Alberto los duerme con la billetera”. “Olvidate, la gente lo requiere al Adolfo”.

Ciertamente la política, por estos días, empieza a ocupar un lugar central en la cotidianeidad de los que, incluso, jamás se interesan por nada. Quien más quien menos opina, discute, participa. San Luis toda está más politizada que nunca. Estos dos meses serán efectivamente apasionantes. La ansiedad disparará el consumo de ansiolíticos, para felicidad de los farmacéuticos. No habrá margen de error para nadie.

En sesenta días se sabrá el veredicto de nuestra heterogénea y contradictoria sociedad, que deberá optar por alguna de las tres fórmulas peronistas. Hasta en eso esta elección es distinta y singular. El resultado dirá mucho acerca de cómo somos, qué pensamos, qué deseamos los sanluiseños. Siempre zigzagueantes entre considerarnos el ombligo del mundo que todo lo podemos y la malaria que nos ubica a sufrir a la realidad de todos, todos los días.

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