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Dejar atrás a Maxi para ser Frontera, esa es la cuestión

Los desafíos políticos y de gestión que le esperan al intendente electo. Cómo construir un liderazgo y gobernar bien, sin morir en el intento. (Análisis) 

A tres meses de su asunción, el intendente electo mantiene reuniones todos los días y empieza a delinear su gabinete. La reunión con Merlo le dejó un sabor amargo. 

Maximiliano Frontera reparte sus días entre llamadas o visitas a su vice intendenta, Verónica Bailone, a la que le transmite su aliento y deseos para que se recupere; encuentros con allegados, grupos y dirigentes que le piden reunirse; ratos en los que se da una vuelta por la Pedrera, para no desatender del todo sus funciones y, el tiempo que le queda, hacerse un lugar para estar con su familia. 

En el cronograma que tiene en su cabeza, en estos 90 días figura como prioridad definir su elenco de colaboradores. A los más íntimos les hizo saber que la decisión será absolutamente de él, sin ninguna intervención de nadie. “El gobernador me transmitió dos cosas: que contaré con todo su apoyo y que cuento con total libertad para definir mi gabinete”, reveló. 

De la reunión con el intendente Mario Raúl Merlo no se fue con la mejor sensación. Si bien lo recibieron con respeto y cortesía, le hicieron saber que hasta el 10 de diciembre la cancha la marca la actual gestión. De las tres carillas de preguntas contenidas en la carta que entregó, se fue sin respuestas. Apenas generalidades. La prensa municipal se encargó de aclarar -en respuesta a cierto reproche previo- que el envío del presupuesto al Concejo Deliberante es una obligación que impone la Carta Orgánica Municipal al 30 de agosto como plazo máximo. Que allí podrá plantear si desea cambiar algo. 

Con respecto a precisiones contables, administrativas, de pagos, personal, etc., en el mismo cuerpo colegiado deberá consultar la información requerida, puesto que se envió el balance al 30 de junio y luego se remitirá la ejecución presupuestaria al 30 de octubre. Información personalizada, como la que solicitó, no obtendrá. Salió del encuentro con un sabor amargo en la boca, y con una certeza: la transición será espinosa y no exenta de turbulencias

Sin dudas, desde hace dos meses el tema que lo desvela es el delicado estado de salud de Verónica Bailone, quien lucha a brazo partido contra un complicado cáncer de pulmón. El asegura que su vice es joven, está llena de motivos para vivir y se va a recuperar. “El 10 asumimos los dos, yo le tomo juramento a Vero, déjense de joder”, le responde a quienes transmiten sus dudas. 

Más allá de este tema no menor, tiene plena conciencia que el panorama hacia adelante le plantea dos desafíos distintos, sí, pero complementarios e interdependientes. Uno de carácter político, el otro eminentemente de gestión. Vamos por partes, dijo Jack. 

A partir de diciembre, el justicialismo local comenzará a transitar un proceso de natural reacomodamiento: concluye la marcada hegemonía que ejerció Merlo en las últimas tres décadas y se avecina un nuevo tiempo en el que las pujas por el poder estarán al orden de día. En varias reuniones algunos le han hecho saber que, como máxima autoridad política de la ciudad, el liderazgo le corresponde “naturalmente”. Un poco cierto es, pero no lo es menos que en política nadie regala ni cede nada, que los espacios se ocupan y se ganan sobre la base de acciones. No hay lugar para tibios, cuando se trata de imponer un liderazgo. Por ello, para que lo respeten, sabe que deberá cortar algunas cabezas, dejar de ser “El Maxi” y asumir el rol de “El intendente Frontera”. 

En este andarivel visualiza adversarios externos e internos. En la vereda de enfrente ubica al llamado “merlismo residual”, buena parte del cual ocupa la mayoría de los niveles medios del staff municipal. Son los llamados funcionarios de carrera, con los que deberá pactar la convivencia y sus propias reglas de juego. Como todo cambio, encontrará resistencias por parte de aquellos que temen perder la tranquilidad -y los privilegios- que suele provocar cualquier modificación del statu quo. Reconoce que se trata de un terreno minado que le exigirá dar pasos muy cuidadosos (apoyado por cuatro ojos). 

Algo similar imagina en Obras Sanitarias Mercedes, un tema específico y vital, absolutamente sensible para la vida de todos los días, como es la calidad del agua que ingerimos y el correcto destino de lo que evacuamos. Allí no alcanza con dejar o cambiar al administrador, se requiere una hoja de ruta definida para llevar adelante un plan claro y preciso que conduzca a una mejora en el servicio. ¿Estará ese plan?. El transporte urbano, otro dolor de cabeza, que insume cerca de 7 millones por mes subsidiar para que no se dispare a niveles irracionales el costo del boleto.

También sabe que no habrá aguas tranquilas en el Concejo Deliberante. Por empezar, no tendrá mayoría propia, aunque confía en poder conjugar intereses para lograr un respaldo suficiente. No obstante, deberá consensuar también con la oposición de Cambiemos, para poder sumar la mayoría agravada que requieren ciertos temas. Para completar el combo de obstáculos, sabe que deberá lidiar, asimismo, con la oposición, que por primera vez en la historia controlará el Tribunal de Contralor Municipal, encabezado por el tozudo Ricardo Bazla. “Voy a gobernar con total honestidad y transparencia, así que no me preocupa”, minimizó Frontera ante la consulta de este periodista. 

Tiene a favor el sólido respaldo de Alberto Rodríguez Saá, que personalmente se ocupa de restablecer relaciones con sectores otrora adversarios a los que les reclama apoyo hacia la próxima gestión municipal. Como ocurrió la semana pasada, al asistir a una reunión en el quincho político de José Giraudo, de Mercedinos por el Cambio, en la zona oeste de la ciudad, y acordar un trabajo conjunto con miras al 27 de octubre.  

En el frente interno, sus preocupaciones pasan por otro lado: ¿hasta dónde el resto de las corrientes, agrupaciones y líneas que coexisten en el PJ apoyarán su gestión, sabiendo que su éxito nutrirá el espacio de liderazgo que pretende construir? En el horizonte se perfilan varios polos de poder con sus propias singularidades y ambiciones. Está el ministro Eduardo Mones Ruiz, que en diciembre asumirá como vice gobernador. El sindicalismo es otro factor de poder, liderado por quien seguramente jurará como diputado nacional, el actual vice gobernador Carlos Ponce, A estos se suman dos figuras que también han ganado espacio desde la gestión, y que se mudarán (si no hay novedades en contrario) a la Cámara de Diputados de la provincia: Anabela Lucero y Joaquín Surroca. Por nombrar solo algunos. 

Por lo que ha trascendido, al electo intendente algunas noches le resulta difícil conciliar el sueño. No le ocurría cuando era Maxi. Le pasa seguido desde que empezó a ser Frontera. No es para menos. 

Eduardo Gargiulo

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