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Mones Ruiz, el arquitecto de la victoria en Diputados

Escrito por Eduardo Gargiulo. Publicado en ROOT / Local / Provincial

Comenzó a tejer a partir de unos pocos legisladores propios y fue sumando voluntades hasta lograr una mayoría que le permitió imponer el presidente de la Cámara de Diputados. (Análisis)

“Vos sos el vicegobernador, hacete cargo de solucionar el tema en la Cámara de Diputados”, lo instruyó el gobernador Alberto Rodríguez Saá la semana pasada. La tarea se presentaba difícil, ante la dispersión de los diputados peronistas y la mayoría que por ese momento parecía favorecer a la oposición. Pero el ministro de Gobierno Eduardo Mones Ruiz le puso el pecho a la parada y empezó a roscar. Terreno en el cual siempre se sintió a gusto.

En principio, las cuentas no lo favorecían. Tenía solo 8 votos seguros. Los propios. Albertistas puros, como le dicen. Pero no se desanimó. Debió poner a cargar su teléfono varias veces al día, porque hizo tantos llamados, recibió tantos otros, que agotó la batería más temprano que lo habitual.

Mantuvo innumerables reuniones con cada uno de los bloques. Escuchó sus quejas y demandas. Primero con los propios. Después con las bancadas de Peronismo del Interior, Mercedinos por el Cambio, los que se fueron de Juntos por la Gente. Los que integraron bloques unipersonales. Incluso supo aprovechar la división de la oposición y cooptó a los legisladores del PRO y hasta el propio diputado radical Alberto Fara, quien el 24 de junio había presentado su renuncia al radicalismo, cansado de lidiar con las mezquindades de sus correligionarios.

Las negociaciones fueron arduas y se extendieron hasta minutos antes de la sesión preparatoria. No casualmente el comienzo de la sesión se retrasó cerca de tres horas. Fue cerrando lentamente con las apetencias de cada uno hasta alcanzar el número mágico de 22 votos, que le permitieron imponer al ex intendente de San Francisco, Juan Carlos Eduardo, como nuevo presidente de la Cámara de Diputados.

En los tires y aflojes contempló los cargos en la mesa directiva, desde la presidencia, que reconoció como marcan los usos y costumbres a un hombre del interior, hasta las vicepresidencias, las secretarías y prosecretarias administrativa y legislativa. Todos quedaron más o menos contentos, más o menos conformes.

La tarea fue titánica pero rindió sus frutos. El resultado de la votación no sólo es importante por haber logrado que la presidencia vuelva a manos del oficialismo gobernante, dejando atrás la gestión de Carmelo Mirábile, alineado con Adolfo Rodríguez Saá, quien no pudo asumir. La anterior conformación le trajo no pocos dolores de cabeza al gobierno, tomando en cuenta, como ejemplo, las dos ocasiones en que rechazó el presupuesto provincial. Va más allá y se proyecta a la futura relación que mantendrá el Ejecutivo con el Legislativo.

De mantener la mayoría conseguida seguramente volverá a predominar la tranquilidad. Las divisiones y enfrentamientos en el seno del Frente San Luis Unido, y las deserciones en el bloque que responde a Adolfo Rodríguez Saá, donde se esperan más, tornan poco probable que la oposición vuelva a gozar de un contexto proclive para incomodar a Terrazas del Portezuelo. Por lo menos durante los próximos dos años. En la principal oposición se viven momentos de tensión, que permiten avizorar que la próxima interna radical será más que áspera. Y que la relación entre el radicalismo y Avanzar tampoco exhibirá la armonía de tiempos no tan lejanos.

La muñeca política que demostró Mones Ruiz en la última semana habilita a pensar que su rol como vice gobernador no se reducirá a presidir las sesiones en el Senado de la provincia. La confianza ganada con el “gober” permiten presumir que sus funciones incluirán otras tareas más ligadas a la cartera que aún ocupa. Incluso a ser el nexo, en algunas cuestiones, con el propio presidente Alberto Fernández.

Twitter.com/ApuntesSL

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