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Coqueta iluminación del Monumento a la Desidia

OPINIÓN. Viernes por la noche. El remodelado edificio ubicado en pleno centro de Villa Mercedes, destinado al Hospital Escuela, se muestra iluminado a pleno, terminado y listo. Costó una fortuna, pero sigue cerrado ….

Según el propio cartel de obra que continúa colocado en la ochava de Balcarce y Urquiza, esto que se hizo fue un Hospital Escuela. Eso nadie lo discute.

En aquella época, tres años atrás, el gobierno provincial que encabezaba -como ahora- Alberto Rodríguez Saá, mantenía una excelente relación con la Universidad Nacional de Villa Mercedes, cuyo rectorado ocupaba el Dr. Roberto Schwartz . La universidad ya había presentado toda la documentación ante la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU), en pos de obtener autorización para dictar la anhelada carrera de Medicina. La ciudad, la provincia toda, el propio gobierno, anhelaban ese objetivo y expresaban su optimismo.

Uno de los tantos requisitos era, precisamente, contar con un hospital escuela destinado a las prácticas de los estudiantes de esa carrera. Rápido de reflejos, el mandatario disponía destinar el edificio administrativo, que ya estaba cedido para las aulas de la UNViMe, con el objetivo de construir dicho nosocomio.

“Remodelación y refuncionalización del actual edificio del Centro Cívico para Hospital Escuela”, aclara el referido cartel. El costo, astronómico: casi 120 millones de pesos, como si se hubiera hecho todo nuevo. En agosto de 2017 fue el inicio de la obra, que tenía 18 meses como plazo de ejecución. A diferencia de otras obras, esta no podía dilatarse ni sufrir imprevistos. El propio ministro Felipe Tomasevich en persona la visitaba semanalmente y controlaba in situ los trabajos, siempre acompañado por la prensa oficial que derrochaba adjetivos sobre la magnificencia de la obra, "única en el país".

Fue así como se pudo cumplir con los plazos previstos. Hace poco más de un año, en enero de 2019, se agotaban los 540 días fijados y el hospital escuela era una realidad. Pero el contexto político había cambiado. Ya no estaba Schwartz . Su lugar lo ocupaba un radical, David Rivarola, con perfil político, representante de Cambiemos y amigo de Poggi. Todo mal. Olvidate.

Desde entonces, el gobierno omitió volver a hablar del tema. La empresa terminó los trabajos. Lo último que hizo fue la pintura, con preeminencia del blanco y el celeste intenso, y la colocación de los aires acondicionados. Pero nunca se inauguró. El diálogo entre el gobierno y la universidad se congeló. El convenio oportunamente firmado feneció.

Extrañamente, ante tamaña irregularidad, ni siquiera la tibia oposición política se ha preocupado por solicitar informes y demandar una definición. Tal vez demasiado enfrascada en jugar el juego que mejor juega, su propia interna. Chiquita, a veces estúpida, por egos y vanidades personales que al ciudadano común resbala. Pensando en las próximas elecciones antes que en las preocupaciones actuales. Por eso les va como les va.

Este viernes algún desprevenido se le ocurrió encender las luces del Hospital Escuela. Pudieron apreciarse los ambientes interiores, las terminaciones, todo aparenta estar en perfecto estado. Un poco crecidos los yuyos en el exterior, nada grave. Lo cierto es que la obra está terminada y por lo que cuentan los vecinos, desde hace un año no se ven trabajadores. Apenas un cuidador, que estaciona su vehículo por la entrada de calle Belgrano.

Cuesta encontrar un término para definir ante qué estamos. Cómo sintetizar el despropósito de construir una obra millonaria para después de haberla terminado cerrar sus puertas y condenarla al olvido. ¿Palmaria exhibición de revanchismo político?. ¿Vomitiva demostración de fuerza?. ¿Repugnante muestra de soberbia e impunidad?. “Yo tengo la plata. Yo hago el hospital que necesitás, pero si no me gusta tu cara lo cierro”.

Lo extraño es que al menos, ya que está terminada la obra, no se la recicle con otro fin: Museo Multimedia Santiago Betbeder y sus Romances de Antaño, Galería de Objetos Indecisfrables del Planeta Xilium, Complejo Artístico de Homenaje Permanente a la Puntanidad y a los Ancestros del Pampa Rodríguez Saá… Qué se yo, hay tantas cosas interesantes.

Después de mucho pensar y buscar creo haber encontrado el término preciso para definir lo que aprecio: DESIDIA. Según el Diccionario de sinónimos y antónimos 2005 Espasa-Calpe, este vocablo designa muchas cosas: abandono, negligencia, incuria, abulia, dejadez, descuido, desgana, desinterés, inapetencia, holgazanería, pereza, vagancia.

Podríamos agregar otros epítetos, pero sólo se me ocurren términos que definen cuestiones ligadas a la personalidad de aquél que se comporta con desidia, y se le parecen bastante a esas cosas que se dicen enojados y que el otro interpreta como una falta de respeto. Y ya se sabe, hay que respetar la investidura del gobernador, qué tanto. No vaya a ser cosa que a uno lo encanen por desacatau por decir ciertas cosas.

Eduardo Gargiulo

Twitter.com/ApuntesSL

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