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Deuda Externa, Soberanía y Economía Política

OPINIÓN. Los condicionamientos de la deuda externa, su naturaleza política y el rol de la sociedad y las universidades. Por el Dr. Enrique Elorza (*).

El origen, composición y plazos de vencimiento de capital e intereses de la actual deuda tiene sus particularidades. Solo basta mencionar que la Argentina nunca en su historia se endeudó en tan poco tiempo y de la magnitud que lo hizo. En los últimos 4 años la relación deuda externa con el producto interno bruto (riqueza generada en un año en el país) paso de 53% en el año 2015 al 98% para el 2019.

Algunas particularidades de la historia reciente. En el año 2017 se colocó un bono a 100 años por US$2750 millones, devolviéndose el capital en los primeros 15 años, pagando intereses por 75 años. En suma, se tendrá que devolver 7 veces el valor original. Tal decisión gubernamental lleva la firma del Ministro Luis Caputo de aquel momento. Con el Fondo Monetario Internacional (FMI) se firmó un acuerdo mediante el cual, de manera exprés, se otorgó a la Argentina un préstamo en el año 2018 por US$56.300 millones, habiéndose desembozado en un solo año US$44.300 millones

Las discusiones sobre si está bien o mal endeudarse suele ser una discusión muy apegada al mundo técnico de especialistas, analistas financieros. Ámbitos estos en los cuales se hacen análisis específicos, estudios de costo y beneficio, ponderando diferentes variables macro y microeconómicas, que suelen aconsejar o no tomar deuda de tal o cual modo. También forman parte de estas discusiones y análisis quienes gobiernan y diseñan las políticas a seguir.

El tema no es un fenómeno nuevo, es parte de la historia de nuestro país. Basta remitirnos al año 1824 con el préstamo de la Baring Brothers en adelante. En el caso de Argentina, más allá de la experiencia de otros países, el endeudamiento siempre estuvo asociado con la pérdida de soberanía y la dependencia hacia otros países. Es decir, no poder fijar políticas que sean útiles a quienes habitan el territorio nacional. Un antecedente que vale la pena tenerlo en cuenta. En el año 1982 Alejandro Olmos denunció la “ilegitimidad de la deuda externa” y el juez Federal Jorge Ballestero dictaminó que la “deuda externa argentina contraída entre 1976 y 1982 fue producto de mecanismos irregulares “. El tema quedó ahí.

Más allá de las diferentes teorías que prevalecen en la materia, como así también de las distintas posturas políticas al respecto, no cabe duda que la deuda actual, tal como fue concebida es impagable. Con el agravante de que quienes posibilitaron y habilitaron los créditos no podían ignorar tal limitación. Pasa que quienes “prestan”, lo que verdaderamente les interesa es vender su mercancía que es el dinero; el cómo recuperar los préstamos, es un tema que se resuelve en el tiempo de múltiples formas.  La historia da cuenta de ello.

Por ejemplo, es imposible pensar que un Organismo Internacional como el Fondo Monetario Internacional (FMI), que cuenta con recursos, tecnología y profesionales de un gran conocimiento, egresados de los centros de estudios más importantes, no sea capaz  de comprender tal limitación. El directorio y los técnicos del FMI no se equivocan. Aplican las políticas que son funcionales a sus objetivos.   Con el agravante que para otorgarle el crédito a Argentina el FMI tuvo que trasgredir las normativas internas de dicha institución. Fue el país que tiene el mayor poder de veto en ese organismo, EE. UU, quien dio la aprobación, mediante la orden del Presidente Donald Trump.

Concluyo en estas líneas expresando que pagar la deuda externa significaría seguir viviendo en una sociedad con menos derechos, con indicadores sociales, económicos magros, con más exclusión social y precariedad laboral, entre otras consecuencias. Es decir, para pagar lo que se debe significaría destinar parte importante del presupuesto nacional y del conjunto de los presupuestos provinciales para el pago de los servicios de la deuda y del capital. Y por otra parte, el aparato productivo cada vez más reducido se vería imposibilitado de generar los dólares para cancelar la deuda.

¿Qué hacer y cómo resolver este tema? Es la sociedad mediante sus múltiples maneras de peticionar, expresarse, manifestarse y organizarse que se debe involucrar en este tema.

Argentina y su reciente endeudamiento es un buen ejercicio práctico, que nos debería dejar algunas enseñanzas. Pone en evidencia que la “economía” No es una “técnica”, tal como nuestras universidades la enseñan. Observar cómo actúa un Organismo Internacional como el FMI y cómo resuelve el problema el Presidente de la mayor potencia del mundo, nos muestra que la economía tiene que ver con la política. Ellos, los banqueros, es decir el FMI, logran vender su mercancía, no en base a sus análisis macroeconómicos y microeconómico, ni utilizando técnicas de la econometría, sino mediante la política; y el gobierno norteamericano logra que un territorio más, muy importante dentro de la geopolítica mundial, quede más dependiente y vulnerable.

Estos temas como otros, como es el caso del cambio climático, ponen en evidencia que las universidades en general, entre otras instituciones, no contribuyen mucho a la solución de los problemas de la sociedad. Esto suele ser así ya que la formación que brinda pone foco en el interés individual de las personas, en mejorar la rentabilidad de los mercados y en suponer que las personas son variables económicas. Asimismo, la política profesionalizada, en la alternancia de gobierno, “saca fotocopia” de estas enseñanzas de la academia, y las va aplicando, no comprendiendo que la crisis civilizatoria que se está viviendo se encuentra a la vuelta de la esquina.

(*) Su trayectoria y especialización están orientadas a la economía política y la planificación de la política pública. Fue Profesor Titular e Investigador de la FCEJS- UNSL. En la actualidad es Coordinador del Centro de Pensamiento Crítico Pedro Paz, Director de la Especialización en Estudios Socioeconómicos Latinoamericanos, e investigador de la Fundación de Investigaciones Sociales y Política -FISYP-. Graduado en la UNSL como licenciado en administración pública 1980, Doctor en Administración Pública (1987) y Posgraduado en Planificación, Políticas Públicas y Desarrollo, en el Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social -ILPES / Naciones Unidas, Chile 1985.

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Fuente: Finanzas San Luis