¡Joven gallego se aprende 15.469 dígitos del número Pi!

 

Tras la hazaña, quedan atrás casi cuatro meses de trabajo. Prácticamente todo el periodo de confinamiento. El 28 de marzo fue el primer día que Barral se puso a estudiar. Desde ese momento hasta el recital, invirtió una parte de su tiempo todos los días al aprendizaje del número Pi.

«No puedo decirte una respuesta muy exacta, porque iba por objetivos, no por tiempo. Todos los días repasaba todos y aprendía 150 nuevos. Cuando llevaba 4.000, me aprendía los 150 y los repetía dos o tres veces todos. Cuando llevaba 10.000, igual los repetía una vez. Si tenía dudas, repetía el número frente al ordenador e iba comparando con la chuleta», afirma.

Barral destaca el trabajo diario, sobre todo oral, clave para conseguir memorizar todos los dígitos. «Le doy mucha importancia al repaso diario. Puedes tener una idea vaga de que decimal viene, pero tienes que ser muy escrupuloso con el repaso. Así se te meten en la cabeza. Es bueno, tanto para el cerebro como para la lengua».

Además de repetir, el gallego utilizó otra táctica. La memorización por relación.

«Aunque es una secuencia aleatoria de números, yo buscaba relaciones. Fechas en los que hubiesen nacido familiares, dorsales de jugadores de baloncesto, fechas de partidos…Utilizaba cosas que me gustan para montar mi propia historia. Lo difícil era empastarlo todo, pero fue lo que hice», asegura.

A Barral, graduado en Química por la Universidad de Santiago de Compostela y poseedor de dos másteres, le gustan las curiosidades matemáticas. Además, siempre tuvo buena memoria. «Siempre me gusto la memorización. De pequeño, en casa de mis abuelos tenía un álbum de fútbol. Yo me aprendía las plantillas de los equipos y le daba el álbum a mi tía para que me preguntara. Además, siempre me gustó saberme los cumpleaños de todos mis compañeros de clase», asevera el gallego.

No obstante, este fue el primer reto al que se enfrentó. Nunca había participado en concursos de memorización. El confinamiento le ofreció la oportunidad de prepararse. Invertía las horas en este propósito y también en su trabajo de fin de máster y el ejercicio físico. Pero, una vez alcanzada la meta, no cree que vuelva a repetirlo, al menos en un tiempo. «No creo que siga con esto. Igual dentro de un tiempo puedo volver. Aunque no en un futuro inmediato», indica Barral.

La mejor marca europea espera con un máximo de 24.000 dígitos. Una suma casi rocambolesca. Hace falta mucha memoria para esto, solo al alcance de algunos. Aquellos que, de sus días de escuela, recuerdan algo más que las cinco primeras cifras del número Pi.