La enmienda constitucional: CASO SOSPECHOSO

Por Eduardo Gargiulo

 

La votación del proyecto del Presupuesto provincial, el martes último, encendió todas las alarmas en la oposición y endulzó las apetencias del oficialismo. Los 27 votos a favor que cosechó la llamada “ley de leyes”, contra sólo 11 en contra de San Luis Unido y las 4 abstenciones de la bancada de Todos Unidos, que responde a Adolfo Rodríguez Saá, dejó en segundo plano el tema votado y habilitó otros interrogantes.

Por de pronto, y aunque faltan 3 años, en el mundillo político no hace más que hablarse de la sucesión provincial. Con los hermanos distanciados, y la imposibilidad constitucional de una nueva reelección de Alberto Rodríguez Saá, todos los análisis se enfocan -en modo presagio- a especular en torno de quiénes serán los principales nombres para la alternancia.

Por el lado de la oposición, los que aparecen mejores posicionados son sin dudas Claudio Poggi (Avanzar) y Alejandro Cacace (UCR. El primero más convencido que el segundo. La cuestión es saber si esta alianza logrará mantenerse unida como para conformar una oferta atractiva y consistente para el electorado. La elección del año próximo será un verdadero test de esta fortaleza, que pondrá a prueba la “muñeca” de los principales operadores de uno y otro espacio.

Distintas fuentes aseguran que “es un hecho” que Claudio Poggi encabezará la boleta de candidatos a diputados nacionales el año próximo, a pesar que su mandato como senador vence en 2023. La interpretación es que necesita “re-posicionarse” como la contracara del oficialismo, y nada mejor que una elección para conseguir ese objetivo. En el radicalismo no les hace ninguna gracia esta posibilidad, que los obligaría nuevamente a encolumnarse detrás suyo y fortalecer sus chances con miras a las elecciones ejecutivas siguientes. En este sentido, analizan como posibilidad proponer una gran interna opositora que dirima la cuestión. De paso, los boinas blancas no disimulan tener bajo sospecha el ex gobernador por la buena relación que mantiene con su principal mentor, Adolfo Rodríguez Saá, el tercero en discordia y cuyo sector –aún devaluado- conserva cierto peso específico electoral como para inclinar la balanza.

En el oficialismo el tema de la sucesión de la dinastía tampoco está resuelto. Eyectado del gobierno y de la escena pública Felipe Tomasevich, con escasa adhesión la Jefa de Gabinete Natalia Zabala Chacur y sin convicción el-hombre-que-no-habla, Alberto Rodríguez Saá (h), no aparece en el horizonte cercano un “Plan B”. En las tertulias de la segunda línea justicialista el tema los desvela. El trasvasamiento generacional que tanto se promocionó todavía está verde, como para pensar que alguno pueda calzarse la responsabilidad de liderar la continuidad del régimen.

Este contexto es el caldo en el cual se cocina la posible reelección gubernamental. Que meses atrás aparecía poco menos que como una fantasía, y a partir de la elección legislativa del miércoles último comienza a visualizarse como probabilidad. Después de todo, dicen los que la postulan, Alberto está bien de salud.

– “Apenas si va a tener 75 años y está lúcido, ¿qué querés, que nos gobierne Albertito, que ni sabemos si es peronista o qué piensa?”, le dijo a este periodista un cuadro pejotista con cierta lógica alejada del concepto republicano de la alternancia democrática.

Si abonamos esta teoría de la reelección, y analizamos lo que establece la Constitución Provincial, sería perfectamente posible que algo así suceda. Por de pronto, el último artículo de la Carta Magna, el 287, establece: “La enmienda de un solo artículo puede ser sancionada por el voto de los dos tercios de la totalidad de los miembros de la Legislatura y el sufragio afirmativo del pueblo de la Provincia, convocado al efecto en oportunidad de la primera elección que se realice, en cuyo caso la enmienda queda incorporada al texto Constitucional. Reformas de esta naturaleza no pueden llevarse a cabo sino con intervalos de dos años por lo menos”. 

¿Cuál sería ese único artículo que debe reformarse para remover el obstáculo re-reeleccionista?. Precisamente el 147: “El Gobernador y Vicegobernador duran en sus funciones el término de CUATRO (4) años y podrán ser reelegidos o sucederse recíprocamente por un solo período consecutivo. Si han sido reelectos o se han sucedido recíprocamente no pueden ser elegidos para ninguno de ambos cargos, sino con el intervalo de un período”. 

Como se sabe, en la Cámara de Senadores el oficialismo goza de una holgada mayoría. En diputados ya no está tan lejos de obtener la mayoría agravada, los dos tercios necesarios (29). Le faltan apenas dos votos, pero hubo cuatro peronistas “disidentes” que se abstuvieron en la última votación, lo cual abre cierta expectativa esperanzada si se los “persuade” convenientemente.

En cuanto a los tiempos también es posible. Debería aprobarse este año, o en el primer semestre del próximo, de tal modo que de ser ratificada la enmienda en la elección de 2021 –en caso de ganar la elección- quedaría habilitado Alberto Rodríguez Saá para presentarse nuevamente como candidato a gobernador e ir por una nueva reelección.

Noooo, dirán los juristas más avezados. Eso no es posible, no se puede legislar hacia atrás. El gobernador juró por la anterior Constitución, está alcanzado por lo establecido en ese texto constitucional. Si señor, posiblemente Ud. tiene razón. Vaya nomás, reclame ante el Superior Tribunal de Justicia. Cuando se expida habrá pasado algún tiempo, con seguridad le fallarán en contra. Pero siga nomás, recurra, vaya a la Corte Suprema de Justicia, que cuando resuelva expedirse seguramente ya habrá salido la vacuna contra el coronavirus, Don Alberto habrá sido nuevamente gobernador –si la mayoría de la sociedad lo vota- y habrá culminado su mandato.

San Luis continuará siendo lo que es: una provincia pequeña y hermosa, con grandes pretensiones de ser diferente, pero con un bajísimo umbral de aspiraciones republicanas. Como canta la Negra Sosa, “el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos…”