La política de San Luis, entre el fin y los medios

Por Eduardo Gargiulo

 

 

Acostumbrados a mirar mucho más allá que los comunes mortales, aquellos que digitan el destino de la política provincial ya se encuentran proyectando el 2021, antesala crucial de la pelea de fondo: las elecciones ejecutivas en las que estará en juego la sucesión de Terrazas del Portezuelo.

En el oficialismo, como ya se expuso en anteriores análisis, la encrucijada pasa por definir quién será el sucesor de la dinastía gobernante, cuando ésta celebre su cuadragésimo aniversario. No aparecen en el horizonte, hoy, ahora, abundantes opciones. Una es el Secretario General, (el-hombre-que-no-habla) Alberto Jr. Más por mandato familiar que por ambiciones propias. Se suman la Jefa de Gabinete, Natalia Zabala Chacur o el ministro de Obras Públicas, Felipe Tomasevich, como segundas opciones, pero es tanta la desconfianza que generan que el propio gobernador los considera antes que alternativas, firmes hipótesis de conflicto. Culpa del malogrado experimento Poggi, cuando al mocito se le dio por cortar el cordón umbilical.

En este marco es que sobrevuela la sospecha del forzamiento de una reforma constitucional que permita remover el obstáculo que impide una nueva reelección. El contexto político y los tiempos, sin embargo, no parecen facilitar ese camino.

De todos modos, acostumbrados al ejercicio del poder sin tanto apego a las “formalidades legales”, no hay que descartar que en su laboratorio de prácticas políticas el oficialismo termine creando algún engendro altamente contagioso, con la excusa de garantizar la salud de la puntanidad (nuevo concepto que reemplaza al “exitoso modelo”).

UCR-Avanzar

En las trincheras opositoras también se entretienen haciendo futurología electoral en tiempos de pandemia. Tras la derrota electoral del macrismo, la oposición puntana se redujo a dos fuerzas principales: Avanzar y la UCR, con realidades distintas que ameritan ser explorados individualmente.

El radicalismo fue el primero en sacudir la modorra y sus principales estrategas ya están armando la convocatoria a las próximas elecciones internas, previstas a más tardar en noviembre. Por lo que puede observarse, hay dos sectores que disputarán la conducción partidaria, encabezados por los actuales diputados nacionales Alejandro Cacace y José Riccardo. Nadie acepta la posibilidad de una lista de unidad o acuerdo que evite la contienda, la cual promete alcanzar elevados niveles de virulencia.

Cada uno cuenta con importantes apoyos y ya se encuentra recorriendo el espinel del interior recolectando adhesiones. Los dirigentes capitalinos apuestan buena parte de su suerte al Departamento Pedernera. A Cacace lo acompañan el presidente del partido, Pipo Rossi; los diputados Lucero Guillet y Sosa, el ex intendente Bonino y una parte de Franja Morada-Nuevo Espacio. En Capital bancan la movida el rector de la UNSL Víctor Moriñigo y el titular de la Convención, Roberto Pagano. Riccardo cuenta con el apoyo del concejal villamercedino «Caco» Andreotti, Walter Ceballos y el Rector de la UNViMe David Rivarola. Será una pelea furiosa.

El otro departamento de peso es Junín. Allí el intendente merlino Juan Alvarez Pinto disputará la supremacía política con el otro cacique, el ex intendente de Santa Rosa del Conlara Miguel Postiguillo, cuyas reacciones rebeldes lo han llevado a confrontar con unos y otros, en diferentes momentos. Aunque algunos lo ningunean, lo cierto es que conserva peso territorial y su apoyo lo disputarán tanto Cacace como Riccardo. Hay quienes lo imaginan encabezando la boleta de candidatos a diputados provinciales, otros creen que aspirará a liderar la categoría de diputado nacional. Veremos quién paga el precio más alto. Si sus apetencias fueran éstas últimas, entrará en colisión con otros dirigentes del departamento Pedernera que ambicionan el mismo lugar.

Tampoco está claro si el ex rector de la UNSL buscará la reelección a la Cámara Baja de la Nación o preferirá encabezar la nómina de candidatos a diputado provincial por el departamento Pueyrredón. De su decisión también dependerá cómo se articulen las futuras trenzas y alianzas.

En Avanzar, mientras tanto, al ser una fuerza política asentada más en el liderazgo personalista de Claudio Poggi que en la orgánica partidaria, los inconvenientes no pasan por elecciones internas, sino por ver cómo se consolida provincialmente, incrementando su representación legislativa municipal y provincial, con miras a seguir creciendo y sostener su postulación para 2023.

Voceros de ambos partidos sostienen que no descartan dirimir las candidaturas en elecciones primarias. Hasta arriesgan mayo de 2021 como fecha probable, aunque resulta poco creíble. El tiempo dirá si son bravuconadas que se dicen hacia afuera, para que la prensa las recoja, o decisiones pensadas que se vuelven realidad.

Está claro que se juegan mucho más que candidaturas sueltas, proyectos o caprichos personales. El vencedor de la disputa, sin dudas, quedará mejor perfilado para liderar la oposición hacia su anhelado triunfo en las próximas elecciones Ejecutivas, esperanza que nunca se pierde, a pesar de la recurrente suerte esquiva en la materia.

Todos Unidos

Este panorama de la oposición no estaría completo sino se considera la existencia del sector que conduce Adolfo Rodríguez Saá. Si bien el tercer lugar obtenido en los comicios de 2019 bajó sus acciones, no es menos cierto que cosechó un nada despreciable 22% de adhesión electoral.

Desde entonces el senador se ha mantenido muy activo, ocupado en su tarea legislativa pero sin descuidar el armado de su espacio, que cuenta con dirigencia o representación en casi todos los departamentos. Uno de sus seguidores confesó a este cronista que el ex gobernador no descarta participar del armado de un gran frente electoral integrado con Poggi, el radicalismo y partidos vecinales, para desbancar a su hermano.

La mención de esta posibilidad en las filas opositoras, provoca distintas reacciones. En principio, todos aceptan que la citada entente figura como tema de análisis, aunque admiten que “difícilmente prospere”. Reconocen que, si bien informalmente, dirigentes del radicalismo y del pogismo mantienen conversaciones con «Todos Unidos», juran que nunca se avanzó hasta el punto de considerar una alianza. De todos modos, cuando el río suena…

Así las cosas, tanto el oficialismo como la oposición, en el presente, se encuentran atravesados por realidades dispares, pero que –en algún punto- confluyen en la misma encrucijada ética. Aquellos, imaginando distintas alquimias para conservar el poder amasado en casi 40 años, a como sea lugar. Estos, explorando una rosca electoral que les permita vencer, dejando a un lado todo prurito moral o coherencia política.

No lo dijo el escritor renacentista Nicolás Maquiavelo, aunque muchos erróneamente se lo atribuyen. El fin justifica los medios. En todos los órdenes de la vida, según cómo se planta cada uno frente a este dilema, es la aceptación social o no que se profesa a las acciones que después se producen. El oficialismo ha demostrado sobradamente que adhiere en un ciento por ciento, por eso no descarta nunca ningún medio. En la oposición, en tanto, se libra una dura batalla entre las convicciones y las conveniencias. Los tiempos por venir condimentan definiciones ciertamente apasionantes.