La UCR en el frente opositor: Juntos por Necesidad (y por el Cambio)

Por Eduardo Gargiulo

Cuando resta menos de un mes para la inscripción de alianzas o frentes electorales, el radicalismo soporta un fuerte debate interno, atravesado por contradicciones derivadas del perfil que desearían darle al partido y el que la propia realidad efectivamente les permite.

Hay varios frentes de tormenta que los desvela y concentran toda la energía de sus principales dirigentes.

El primero es afrontar la construcción del frente electoral, sabiendo que el centenario partido no tiene un candidato competitivo para presentarle batalla a Claudio Poggi  en las PASO, y evitar que éste obtenga la banca que deja vacante José Riccardo.

Por otra parte, la estrategia de Poggi se asienta también en pretender varios cargos locales y departamentales que hoy renueva la UCR, lo que transforma la negociación en un escenario muy complejo: ceder la cabeza de lista, puede ser. Al fin y al cabo nadie quiere enfrentar al senador en una interna que suponen perdida y de imposible concreción. Pero ya ceder espacios en las listas de diputados y senadores provinciales, concejales… es demasiado. Dejada de lado la elección Primaria Abierta y Simultánea (PAS) dentro del frente opositor, con tan poco margen de tiempo, el único camino posible es el consenso.

La UCR también dispuso en su última Convención Provincial que para aprobar frentes electorales y/o proclamar candidaturas hacen falta dos tercios de los convencionales, algo que ningún sector per se los tiene. Esta exigencia genera desconfianza y tensión entre las diferentes corrientes internas, porque si se repiten las mismas metodologías que en las últimas elecciones, existe la posibilidad cierta de que se “asocien” dos sectores, constituyan una mayoría y dejen afuera al resto, con el riesgo lógico que se generen rupturas inevitables.

Las mayores sospechas es que se junten los sectores que lideran Walter Ceballos y Alejandro Cacace, busquen consolidar dos tercios de los convencionales y en función de sus intereses en Pueyrredón, Pedernera y Junín, fundamentalmente, arreglen sus tantos y dejen afuera a otros sectores con menor peso específico, lo cual provocará rispideces y tensiones lógicas de aquellos que se sientan desplazados en la distribución de espacios en las listas.

A esto se agrega que la negociación no es solo al interior del partido, sino también en función de los lugares que también pretende Poggi para su sector. Las restricciones por la pandemia, el hecho de que nadie empuja con convicción un mecanismo como las Primarias Abiertas, que hubiera permitido en elecciones dirimir democráticamente las candidaturas, conduce a un destino inevitable de escándalo dentro del centenario partido. Los 25 días que restan para la inscripción de alianzas o frentes electorales es un plazo que reduce los márgenes de maniobra y acrecienta el nerviosismo.

Por otra parte, hay una cuestión no menor que es la presión de los propios intendentes de la UCR, que necesitan una herramienta competitiva que no los ponga en riesgo en sus localidades, por lo que pensar en la posibilidad de romper el frente y competir con el sello radical, es una posibilidad que ni siquiera analizan los principales dirigentes.

Tal vez esa sea una de las pocas coincidencias que existe en el frente opositor: la necesidad de mantener el sello de Juntos por el Cambio. Al mismo Poggi se lo reclamó el propio Horario Rodríguez Larreta, por una lógica que en principio suena razonable: “La grieta y la caída en las encuestas nacionales del Frente de Todos, sumado a la unificación de la fecha electoral, nos conviene. Rodríguez Saá se casó con el kirchnerismo y selló su suerte”, vaticina un alto dirigente radical, que dialoga seguido con el líder de Avanzar.

En ese sentido, los boinas blancas observan con desconfianza los movimientos de Poggi, que opera en Buenos Aires y entusiasma a la tropa del PRO con la posibilidad de entregarles una banca en el Senado, si él entra de diputado nacional, dado que su reemplazo es Gabriela González  Riollo. De todos modos, los seguidores macristas locales piden más y pretenden mantener los dos lugares que ocupan en la Cámara de Diputados y algunos concejos deliberantes, algo que difícilmente poggistas y radicales estén dispuestos a ceder.

Hoy el radicalismo mantiene su poder territorial, pero la carencia de un candidato de peso lo obliga a permanecer en un frente cuyo liderazgo no ejerce y con un poder de negociación reducido. Para colmo, no son pocos los radicales que aceptarían integrar listas con Poggi, aún en la hipótesis que la UCR fuera sola en la próxima elección. Situación que los debilitaría aún más, frente a una eventual polarización como la que se presume ocurrirá.

Hoy la UCR, más bien la oposición en su conjunto, aparece enredada en una maraña de acertijos y contradicciones. Juntos por necesidad (y por el cambio), más que por afecto. Interpelados por el desafío de superar desconfianzas, deponer ambiciones y evitar una implosión del frente electoral, con la que todos perderían. Salvo el oficialismo, que finca sus expectativas precisamente en ello.