¿Lo pueden dar vuelta?

Por Eduardo Gargiulo

 

La pregunta se repite insistentemente desde el 12 de setiembre a la noche, cuando las urnas dictaminaron un triunfo en cantidad de votos de la opositora San Luis Unido por sobre lo colectado por la oficialista Fuerza San Luis. La respuesta, naturalmente, se sabrá con certeza el 14 de noviembre poco después de las 20,30. No obstante, podemos ensayar algunas especulaciones, que al fin y al cabo no son más que eso.

Matemática y electoralmente la respuesta es afirmativa: el oficialismo está en perfectas condiciones de revertir el resultado, por varias razones.

La primera y más directa es que San Luis unido obtuvo 46,86% contra 37,41%. Traducido en votos, 121.607 a 97.068, exactamente 24.539. Sobre una participación electoral del 68,97%. Se estima que para las generales podrían votar entre 75 y 80%. ¿Dónde irán esos votos?

Otro motivo para pensar que el resultado puede invertirse es el peso significativo que tiene la experiencia de lo acontecido en las PASO de agosto de 2017. En esa oportunidad Claudio Poggi conseguía una impactante diferencia de casi 20 puntos, en la competencia por la senaduría nacional, enfrentando a Adolfo Rodríguez Saá. Más de uno pensó que estaba todo dicho. Sin embargo, dos meses después el PJ daba vuelta el resultado y vencía por más de 12 puntos, en lo que se describió como una «epopeya electoral».

De esa elección se rescatan dos elementos decisivos, que se complementaron: 1) La obscena práctica clientelar que se expuso durante la campaña oficialista, con prebendas de todo tipo; 2) La estrategia de comprometer el indudable carisma del “Adolfo”, en encuentros multitudinarios y no tanto realizados a lo largo y ancho de la geografía provincial. “Pedile al Adolfo que te lo da”, era la muletilla que se transmitía de boca en boca entre los integrantes de una familia a otra.

Lo primero, sin dudas, se está repitiendo, con algunos matices. Aumentos adelantados de sueldo, incrementos a pasantes, nuevas becas, microcréditos y otros más crecidos, exenciones impositivas, se suman a obras públicas por doquier en los 9 departamentos. La justificación es loable: reactivar la economía provincial y “reconstruir San Luis” luego de los estragos ocasionados por la pandemia. Y esto recién comienza.

Lo segundo, en cambio, es imposible. Porque el contexto ha cambiado y los candidatos surgidos del cásting de Terrazas, difícilmente podrían interpretar un “acting” semejante al que llevó adelante el ex efímero presidente.

El optimismo, plagado de dudas, que se expresa en las filas oficialistas, se basa en gran medida en el amplio conocimiento que se tiene de la idiosincrasia del sanluiseño medio, “permeable” a modificar sus simpatías en favor de quien le satisfaga sus necesidades inmediatas. En la vereda opuesta, en tanto, verifican con inquietud lo que presentían: se puso en marcha el temible “aparato” gubernamental, que irá acompañado por una profusa propaganda gubernamental, capaz de taparlo todo.

¿Cómo medir el impacto que tendrá la reiteración de un estilo de campaña que, hace apenas 4 años, le dio tan buenos dividendos al régimen gobernante?

Eso solo podría mensurarse a partir de un análisis semántico del sentido expresado por las mayorías, que el domingo 12 dijeron lo suyo. Si el resultado fue producto de un “voto castigo” ciertamente coyuntural, por la angustiante situación que padecen, en términos económicos, su ánimo podría cambiar en los próximos 50 días. Hundidas en la más cochina miseria como muchas familias se encuentran, una tabla salvadora para llegar a fin de mes suele despertar una súbita gratitud capaz de hacer olvidar los más profundos pesares. Acostumbrados a vivir el presente, sumidos en el día a día, no pocos ajustan sus expectativas a nada-más-que-eso, sin perspectivas de un futuro que no sea –o dependa- de los anuncios del “gober”.

Es ese mismo razonamiento el que angustia a los operadores opositores, conscientes de la imposibilidad de competir contra la estrategia gubernamental. Por carencia de recursos, es cierto, pero también por convicción.

Los anima, en cambio, otra creencia, al interpretar el resultado. Hay una mayoría de la sociedad que está cansada de la dadiva, la mentira y la corrupción, que demanda algo más que una pasantía o una beca miserables, afirman. Que pretende trabajo en serio. Hay comerciantes, industriales, productores, que no quieren créditos, sino que bajen los impuestos y haya más seguridad. Jóvenes que aspiran recibirse, estudiar y progresar, algo difícil esto último con elevados niveles de pobreza y desocupación como marcan los índices actuales.

Hay algo más que preguntarse: ¿Estaremos asistiendo a un agotamiento -por no decir hartazgo- de la sociedad hacia un régimen gobernante próximo a cumplir 40 años? ¿O será sólo un tema de debate entre los dirigentes que a la gente poco le importa, mientras sienta que “los de arriba” son capaces de satisfacer sus acotadas y mezquinas aspiraciones/necesidades más urgentes?

En síntesis, claro que el resultado se puede dar vuelta. Eso ya no sólo estriba en lo que hagan los principales contendientes. Tampoco de los cálculos matemáticos. Depende del más profundo sentir de un pueblo que algunos han sabido -hasta ahora- interpretar como pocos, y que otros aspiran a representar desde otros ideales.

Cuando el domingo 14 a la noche abran las urnas y comiencen a contarse los votos, sabremos si el comportamiento social obliga a escribir una historia diferente, o si asistimos a la crónica de una historia repetida.