SOBRE EL NARCOMENUDEO Y EL CONSUMO, DEJEMOS DE LADO LA HIPOCRESÍA

Por Gustavo Otegui *

Se debate por estas horas en nuestra Provincia, la denominada Ley de Narcomenudeo. Algunos la mencionan como una Ley histórica, valiente, que implica una decisión política de asignar una enorme cantidad de recursos a la policía y al Poder Judicial, creando nuevos juzgados y fiscalías. DEFINITIVAMENTE NO ENTIENDEN NADA. Prefieren trasladar al Ministerio de Seguridad y al Poder Judicial una problemática que corresponde a la SALUD. Salud Mental.

Públicamente he sostenido, que caerle al adicto que padece una grave enfermedad, con el peso de la ley, es altamente injusto y desmedido, pero termina siendo el camino mas fácil. Porque más fácil que brindar asistencia, contención y tratamiento es encerrar en una cárcel. Es mas fácil invisibilizar, que abrir el debate y encontrar las soluciones. También hay que decirlo: la droga esta íntimamente ligada a la comisión de algunos delitos y en este punto, afecta a los más humildes, porque el adicto que no tiene dinero para seguir consumiendo, tiene que salir por necesidad, a robar para hacerlo. Y EL ESTADO??? Y LAS OBRAS SOCIALES??? Y LA SALUD PÚBLICA??? Y NOSOTROS??? Y LA SOCIEDAD??? Todos ausentes, mirando para otro lado.

Nos rasgamos las vestiduras hablando del adicto, sin saber que hacer con él, dónde ubicarlo tan siquiera y como ayudarlo en su necesidad de recuperación. La droga conduce a tres lugares diferentes: la cárcel, los hospitales o la muerte. Mientras tanto, como en tantas otras areas, el Estado no está presente y se la pasa hablando de un flagelo que termina tapando bajo la alfombra, mientras miles de adictos sufren, padecen y mueren a diario en la Argentina.

Una Argentina, que tiene la mania y la costumbre de no resolver, ni hacerse cargo de sus grandes problemas. La pobreza, la inflación, la corrupción, la desigualdad, la falta de educación y LA DROGA, entre otros. Alguna vez los Argentinos, deberemos tener la valentía, que es también la decencia, de hablar sin hipocresía del flagelo de la droga, del Estado ausente en generar políticas de prevención, del Estado que no asigna recursos presupuestarios y respuestas al adicto que sufre una adicción.

No quiero ser autoreferencial, pero tampoco evitar o esquivar dar una opinión fundada. Quienes tuvimos la desgracia de conocer alguna sustancia, sabemos que hay muy pocos lugares para encontrar la recuperación. Ayudan los amigos, la familia, una buena terapia y mucho trabajo personal. Los que contamos con todos esos medios, podemos contar la historia, los miles de adolescentes y adultos que no tienen esa posibilidad, esa contención o los recursos económicos, padecen en soledad la indiferencia, la estigmatización, el desprecio y muchas veces la muerte.

Dejemos la hipocresía para otro momento. Los que conocemos el milagro de la recuperación, que dura tan solo 24 horas, no podemos dejar de aportar a una sociedad descontrolada, que mira para otro lado y no se hace cargo de nada. Tal vez asistiendo a alguna reunión de adictos, quienes ostentan el poder, se entusiasmen con el mensaje y decidan brindarle apoyo, que es también amor y contención, al adicto que todavía sufre. Porque no es un problema moral. Es una enfermedad. Abramos el debate de la salud mental. Dejemos de engañarnos.

* Abogado.