Villa Mercedes llora la partida de quien mejor la retrataba

Por Eduardo Gargiulo

Qué difícil es poder conectar palabras y oraciones que tengan sentido, cuando el sin sentido de la muerte va asociado a tu nombre.

Todo suena trillado, las palabras gastadas. ¿Qué puedo decir? ¿Qué eras un buen tipo? Si todos los que te conocieron te están llorando, porque te sentían su amigo. Y eso no lo consigue cualquiera.

¿Qué eras solidario? Lo saben todos aquellos a quienes diste una mano o un consejo oportuno y generoso, entre ellos tus propios colegas.

Qué jodido es escribir sin que el pensamiento se nuble al pensar tu ausencia. Prefiero recordar en forma arbitraria y desordenada algunos momentos que te hicieron feliz, como el orgullo que sentías por tu colección de cámaras antiguas. O haber logrado digitalizar casi todo tu archivo de imágenes, que sintetizaban buena parte de la historia de Villa Mercedes.

El año pasado fuimos juntos a El Morro, ¿te acordás? Cuando te pedí que me sacaras unas fotos que necesitaba. Una vez más me sorprendí de tu renovado interés por las pequeñas cosas, tu capacidad de asombro, como si recién agarraras una cámara, a pesar de tener en el lomo millones de fotos.

Aquella vez, como hacías con mucha gente, sacaste de tu galera un par de fotos mías de circunstancias que casi había olvidado. Disfrutabas viendo mi cara de asombro. Era tu modo de expresar afecto: rescatar del pasado momentos que habías eternizado, y traerlas al presente a modo de regalo.

En noviembre del año pasado habías comentado con orgullo la designación que habías recibido por parte del Consejo Internacional de Diseño, como “Miembro de Honor”. Una especie de reconocimiento que se otorga a la trayectoria de quienes, con su trabajo, realizan aportes al quehacer cultural. Me puse tan contento que escribí un comentario en tu sitio, en lugar de llamarte, porque quería que todos supieran mi orgullo y felicidad.

Como para muchos, vos eras parte de mi historia. Cuando regresé a Villa Mercedes y me inicié en el periodismo, a fines de la década del ´80, vos ya estabas y fuimos colegas. Cuando me entremezclé en la política, eras el fotógrafo amigo que seguía estando. Cuando regresé a mi primer amor y me faltaba una foto, siempre me sacaste de apuros y me salvabas al bache. Fuiste de esos tipos que no fallan nunca, por eso va a ser difícil no extrañarte cada día.

Me habías hecho muchas fotos, pero yo ninguna entrevista. Íntimamente me sentía en deuda, pero fue tu entrega y profesionalismo las que me brindaron la oportunidad de retribuirte. Disfruté dando a conocer en marzo pasado que habías colaborado con tus imágenes en un trabajo de investigación del Conicet. “Me pidieron que necesitaban algunas fotos sobre calidad de vida, urbanas, y bueno, todo tiene que ver con eso, es algo que he hecho toda la vida”, contaste como minimizando tu contribución.

– ¡Loco, te vas pa´ arriba!

No, dejá… me encantó poder colaborar con algunas fotos, respondiste con humildad. Parecía más contento yo que vos, pero sé que no eras más expresivo para evitar cualquier sospecha de pedantería.

No nos frecuentábamos, pero cada tanto nos cruzábamos en algún acto. O veía alguna foto o escuchaba algunos de los informes que armabas con Alfredo Salinas en todovillamercedes.com, con una sensibilidad y un profesionalismo notables.

En julio me sorprendiste aceptando ser candidato a concejal, vos que siempre habías sido un gruñón con la clase dirigente, casi siempre con razón. ¿Y quién te podía contradecir, si viste pasar a cada uno? Para colmo lo apreciaste de cerca, desde adentro, nadie te lo contó. Pero seguiste lo que te dictó el corazón: sentías que era un modo de retribuir lo que Villa Mercedes te había dado a vos y tu familia.

Estabas feliz y seguro de tu decisión. Pero lo que te terminaron de convencer fueron las palabras de aliento que una bocha de personas te expresaron. Quién podía pensar que diez días más tarde, después de cuidarte más de un año, el puto virus se la iba a agarrar con vos…

Seguramente hubieras sido un buen concejal, porque a las buenas personas nada las cambia. Mucho menos la política, que tiene mala fama por culpa de muchos que le cambian el sentido.

Estoy seguro que te quedaron muchos proyectos inconclusos, porque eras una máquina de emprender nuevos desafíos. Pero tu legado fotográfico y tus valores son, y serán siempre, una marca imborrable de tu paso por la vida. Y qué mejor que dejar una huella y no pasar sin pena ni gloria.

Para algunos este virus es democrático, porque no discrimina entre buenos y malos. A mí me suena más bien ciego, cruel o ignorante. O todo eso junto, yo qué sé.

Me hubiera encantado poder escribir algo mejor. Pero no me sale. Llorando es difícil viejo, entendeme. Y mañana tampoco creo que pueda.

Chau hampón, gracias por tanto.

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