2 marzo, 2024

AJUSTARSE LOS CINTURONES: PRONÓSTICO DE TURBULENCIA EXTENDIDA

Por Eduardo Gargiulo

 

El sistema político, dominado por el bipartidismo, ha quedado en shock. Encuestadoras y consultoras ensayan malabarismos para explicar –una vez más- porqué fallaron en sus pronósticos. Periodistas, enrolados unos y supuestamente independientes otros, acomodan sus análisis. La sociedad, o al menos una parte mayoritaria, asiste perpleja al nuevo escenario que se abre por la potente irrupción de una tercera fuerza políticamente incorrecta, liderada por un candidato exótico. Así estamos, una semana después de las PASO, navegando en la incerteza que nos plantea el contexto electoral.

Al igual que esas tormentas que no se ven venir y provocan destrozos, el libertario Javier Milei se ha convertido en una estrella. Y no es para menos: con apenas dos años, llevó a su fuerza a patear el tablero y cosechar más votos que la coalición de gobierno y la principal oposición. Algunos dicen, con cierta razón y mezquindad: no le ganó a nadie. Es cierto, las primarias no están ideadas para la competencia entre partidos, sino para la selección de candidatos en el seno de cada fuerza. Pero no es menos cierto que al ser elecciones abiertas, en las que cualquiera puede votar al partido que se le antoje, funcionan como un termómetro de la adhesión electoral.

Sin ánimo de sumar una nueva explicación a las tantas que se han escuchado, sí vale tratar de medir el impacto de lo ocurrido en el orden provincial. De los 6 cargos generales en disputa (3 senadores y 2 diputados nacionales más 1 diputado al ParlaSur), de repetirse el resultado del 13 de agosto, La Libertad Avanza se alzaría con 5, dejando a sus contrincantes peleando por el tercer senador.

Lo sugestivo es que veníamos de una elección provincial absolutamente polarizada, en la que Cambia San Luis se impuso con el 54% de los votos sobre el lema Unión por San Luis que obtuvo 44%. La fuerza de los primeros, encarnada en Juntos por el Cambio y liderada por Claudio Poggi salió segunda, perdiendo 30 puntos (sacó 24); la de Alberto Rodríguez Saá, que defendió la candidatura de Massa, 26 (sumó un lastimoso 18%).

Hay quienes visualizan en el inédito tercer lugar del PJ componentes locales que alimentaron el terrible cachetazo. El incremento de la planta de personal con sueldos altísimos en el parlamento y las designaciones en otros poderes del Estado, a pesar del índice cercano al 50% de pobreza en la provincia, suenan revulsivos y hasta provocativos. Quizás esto explique, también, porqué Milei sacó en San Luis el 49,71%, uno de los porcentajes de adhesión más elevados del país.

Queda claro, por si quedaban dudas, que el electorado no es cautivo y se mueve con absoluta prescindencia de sus líderes. Ni Poggi pudo traccionar a sus candidatos (incluso perdió el suyo, Larreta) ni Alberto al ministro de Economía presidencial. El huracán Milei, que venía de perder por goleada todas las elecciones provinciales, les ganó a casi todos los oficialismos, salvo en CABA, provincia de Buenos Aires y pocos más. El triunfo en San Luis fue impactante, pero no mucho más que el de Santa Cruz (tierra de los Kirchner), el propio Jujuy (reducto del gobernador Morales) o Santa Fe y Mendoza, donde JxC imaginaba territorios afines.

Si bien en otros períodos democráticos han existido olas de terceras fuerzas que lograron terciar entre los partidos mayoritarios –la UCeDé, el Frente Grande y luego Frepaso- nunca se había dado que un espacio recientemente creado, que ni siquiera se ha podido institucionalizar y extender como partido nacional, logre tamaño resultado, con un candidato que tampoco tiene antecedentes políticos, salvo la banca que ocupa desde hace dos años.

Si a lo antedicho agregamos sus propuestas disruptivas que desafían hasta los valores más internalizados de la sociedad, como la educación y la salud públicas; eliminar la moneda de curso corriente para imponer la dolarización (¿sin existencia de reservas?); impulsar una reforma del Estado que seguramente ocasionará cientos de miles de cesantías; permitir la libre venta de órganos o la portación de armas… El panorama hacia adelante no puede menos que provocar lo que flota en el ambiente: incertidumbre, temor, cierta angustia.

Lo bueno, y eso hay que reconocerlo, es que el hombre es frontal y no oculta nada. Explicita sus propuestas. Eso votó la mayoría, que a caballo del libremercado defiende cada una de sus propuestas. Hay que reducir el Estado a su mínima expresión, repite Milei, y lo vota el 30% de los habitantes de las villas del conurbano. Los mismos que, gracias al vituperado Estado, se educan, van a los hospitales públicos y reciben un plan o una tarjeta para alimentarse. Creer o reventar.

Naturalmente, no fueron sólo los sectores humildes los que votaron al libertario. Una masa de jóvenes descontentos con los sucesivos fracasos de “la casta política” salieron a matar por él. Y también una parte de la clase media, que ve cómo el deterioro de sus ingresos amenaza su sentido de pertenencia y lo sumerge en la línea de pobreza. Su base electoral es heterogénea y se sintió atraída por este histriónico candidato que enfrenta todo aquello que estos ciudadanos cuestionan, aunque muchos no conozcan con claridad su pensamiento. Putea, los trata de chorros, atorrantes, corruptos, inútiles, igual que lo que yo pienso de todos los políticos, parecen razonar. Y al tipo le funcionó.

Quedan dos meses para las elecciones del 22 de octubre. El presidente está pintado. Las variables de la economía están desatadas. El FMI les toma lección en modo virtual cada semana a los candidatos para conocer sus propuestas. El propio Milei, sobre el que pocos daban un peso, fue el primero y los salió a torear: voy a hacer un ajuste más grande que el que ustedes exigen, les dijo. Bulrich, tal vez con cierta falta de tacto, lo mandó a sanatear a Melconián, un economista que viene de fracasar durante la gestión de Macri. Massa, en cambio, sacó pasaje a EE.UU. porque le gusta dar examen en forma presencial y, de paso, pasar la gorra. Paralelamente los precios suben sin parar, el dólar otro tanto y los salarios caen, encendiendo la mecha de nuevos reclamos salariales, que agitan el fantasma de la hiper… ¿Cuántas veces hemos visto esta película?

Si como parece ningún contendiente ganara en primera vuelta, el país seguirá a los tumbos rumbo al balotaje, el 19 de noviembre. Nada indica que la economía se vaya a estabilizar con semejante panorama, lo cual reduce las chances del candidato oficialista y agiganta las de la oposición. Ante tanta incertidumbre, por ahora va ganando el que grita más fuerte, mientras los otros apuestan a “demonizar” su figura, como única carta para frenar su llegada a Balcarce 50, en lugar de mirarse el ombligo. ¿Les alcanzará?

¿Y si llega a Presidente? ¿Cómo hará para gobernar e imponer sus ideas, teniendo minoría legislativa? Difícil respuesta. Por eso el título de esta nota.

 

 

 

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