6 abril, 2025

EL PELIGRO DE SEGUIR CONVIVIENDO CON UNA BOMBA DE TIEMPO

Por Eduardo Gargiulo *

Lo ocurrido con la ejecución del Plan Alimentario Nutricional Escolar (PANE) es una clara muestra de cómo, a veces, las mejores ideas pueden naufragar ante la ocurrencia de hechos fortuitos e imprevisibles. La intoxicación escolar que afectó a cientos de alumnos en dos escuelas de San Luis y una de Villa Mercedes, obliga a reflexionar sin especulaciones sobre cuáles son los pasos más convenientes que debería considerar el gobierno, para evitar la reiteración de estos lamentables y dolorosos episodios.

Nadie en su sano juicio puede cuestionar la idea de combatir la pobreza y la desnutrición, por parte de una gestión que lo venía denunciando antes de ser gobierno y que las cifras del INDEC lo hicieron estallar con crudeza mes a mes desde –por lo menos- 2020 a esta parte. Mucho más si eso sirve, como afirmó Celeste Aparicio, para “disminuir el ausentismo y la deserción escolar, al tiempo de mejorar los niveles de alfabetización”. Algo había que hacer, y se hizo.

No es motivo de esta nota ahondar en las causas que condujeron a este sufrimiento que afecta a miles de hogares. Sin dudas tiene responsables directos en quienes gestionaban la cosa pública en la anterior gestión. Seguir echando culpas hacia atrás puede resultar cómodo y hasta conveniente, en alguna circunstancia. Pero ante la emergencia, conviene centrarse en analizar cuáles son los mejores caminos para tomar las decisiones más convenientes.

Disponer que todos los chicos de todas las escuelas reciban diariamente su merienda y su vianda, para asegurar la nutrición, es una idea genial. El problema es que después hay que hacer operativo el plan, y allí empiezan los problemas.

Desde que se compra la materia prima y se elabora la comida, hasta la logística de distribución en cada establecimiento y luego la entrega a cada alumno, el procedimiento conlleva una serie de pasos difíciles de controlar al detalle. Por caso, en Villa Mercedes el proveedor de la comida de la Escuela N° 15 estaba habilitado, pero el lugar donde la elaboró no, por lo que la municipalidad procedió a clausurar el local (un salón de fiestas ubicado frente al barrio La Ribera, algo que nunca se informó).

Con respecto a las causas de la intoxicación, en el caso de las escuelas de San Luis nunca se dijeron; en Villa Mercedes fue por Salmonella, una infección bacteriana que se transmite por alimentos contaminados o por contacto con personas o animales infectados. Es decir, puede ser por la materia prima, pero también por no lavarse las manos o por falta de higiene, un rango amplísimo y difícil de precisar en un análisis.

Ante el escándalo por lo ocurrido en la ciudad capital, el gobierno contrarrestó con una afirmación que suena, cuanto menos, cuestionable: “El PANE ya entregó 23 millones de desayunos y 9 millones de almuerzos y éste es el segundo incidente, tras un problema aislado que había sucedido en San Gerónimo y que fue responsabilidad de la cooperadora”. A la semana siguiente se produjo otro hecho “aislado”, esta vez en la Industrial. ¿Hay alguna garantía de que no se produzcan, en lo sucesivo, otros hechos similares? ¿Vale la pena seguir corriendo tamaño riesgo, tanto para la salud de los educandos como políticamente para el gobierno?

La designación de la diputada Eugenia Gallardo, candidata a la reelección, no emerge como la decisión más correcta, independientemente de sus atributos como funcionaria o persona. El plan sigue siendo el mismo, más allá de los controles que se pretendan reforzar.

¿Qué certeza existe de que en las más de 60 localidades de San Luis existen proveedores confiables, que van a cumplir con todos los pasos que exige la manipulación de alimentos establecidos en el curso dictado este sábado en Casa de Gobierno? Por más que el gobierno conmine a todos sus funcionarios a instalarse en cada escuela, ¿qué posibilidades tienen de auditar esto?

Vamos más allá: ¿Con qué tranquilidad –y seguridad- un padre le puede decir a su hijo que vuelva a consumir la vianda en su colegio, por lo menos en aquellos donde se registró una intoxicación? ¿Realmente el gobierno está en condiciones de garantizar que nunca más se va a volver a producir un hecho similar? Y si ocurre otro lamentable episodio, ¿va a volver a responsabilizar al proveedor o asumirá su culpa por haberlo contratado?

El tema ya se ha judicializado y se instaló en la opinión pública. Minimizarlo no es opción. Menos, a 35 días de las elecciones y en plena campaña. El aprovechamiento electoral, y la lógica preocupación de la sociedad, se confunden según el prisma con que se mire e interprete.

Quizás sea hora que el gobernador reflexione y, con serenidad, replantee el procedimiento elegido para combatir la pobreza y la desnutrición infantil. Tal vez podría impulsar una encuesta social y a partir de sus resultados, disponer la entrega de una tarjeta alimentaria o vouchers, para que las familias menos pudientes adquieran alimentos. O los propios alumnos compren o prevean su comida diaria en la escuela. Sería una manera de hacerse cargo de la pobreza y la crisis alimentaria, pero delegando en los destinatarios la mejor alternativa de solución, facilitando los recursos.

Una bomba de tiempo o bomba de relojería es una bomba cuya detonación es activada por un temporizador, dice la definición más conocida. En eso se ha transformado hoy el PANE. Bueno sería parar la pelota, no actuar a las apuradas, y tomar decisiones apropiadas antes que la bomba explote.

 

 

 

 

 

 

 

 

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