24 abril, 2024

EL NEUROCIENTÍFICO ARGENTINO ADOLFO GARCÍA Y SU EQUIPO GANARON EL PREMIO MÁS INNOVADOR QUE SE ENTREGA EN LA UNIVERSIDAD DE HARVARD

El Ig Nobel 2023 distinguió a una investigación que reveló las particularidades del cerebro de quienes tienen la habilidad de hablar de forma inversa. El estudio fue realizado por expertos de Argentina y España. El galardón, que se entrega a los trabajos llamativos, pero con justificación científica

Investigadores liderados por el neurocientífico argentino Adolfo García fueron galardonados por el estudio de las actividades mentales de personas que son expertas en hablar al revés. Junto a otros 9 trabajos, el grupo de científicos de Argentina y España obtuvo el Premios Ig Nobel, que tienen el auspicio de la Universidad de Harvard, en los Estados Unidos, y reconoce los logros que “primero hacen reír y luego pensar”.

Los argentinos García, Sol Fittipaldi, Lucas Sedeño, Agustín Ibáñez, Marcelo Berthier y María José Torres-Prioris y las españolas Diana López-Barroso y Estela Cámara obtuvieron el premio en una ceremonia en línea realizada ayer. El estudio ganador fue publicado en la revista Scientific Reports.

Adolfo García es especialista en neurociencias del lenguaje. Actualmente dirige el Centro de Neurociencias Cognitivas de la Universidad de San Andrés, en la provincia de Buenos Aires, senior Atlantic Fellow del Global Brain Health Institute (Universidad de California, San Francisco), investigador asociado de la Universidad de Santiago de Chile y Presidente de la red de investigación en traducción TREC.

García dijo que, “si bien sabíamos que había algo de absurdo en este estudio, y que ese tipo de elementos se alinean con el premio Ig Nobel, no imaginamos que pudiera captar este interés. Ha sido una muy grata sorpresa”.

En la categoría Comunicación, consiguieron estudiar las actividades mentales de personas que son expertas en hablar al revés.

“Estudiamos el cerebro de gente que dedica buenas horas de su vida a hablar al revés. Gracias a ellos, caracterizamos algunos mecanismos biológicos implicados en la capacidad de secuenciar fonemas . De este modo, convertimos un fenómeno lingüístico muy atípico en una vía para entender un mecanismo fundamental del lenguaje cotidiano”, resaltó.

El Premio Ig Nobel destaca investigaciones inusuales pero relevantes que, de otro modo, podrían pasar desapercibidas. Estas investigaciones abordan preguntas curiosas, como por ejemplo, por qué los excrementos de wombat son cuadrados o cuánta saliva produce una persona al día. Desde 1991, aquellos que se dedican a estos temas son honrados en una ceremonia que, aunque solemne, es decididamente no tradicional.

El equipo de científicos que ganó el IgNobel en Comunicación: María José Torres-Prioris, Diana López-Barroso, Estela Càmara, Sol Fittipaldi, Lucas Sedeño, Agustín Ibáñez, Marcelo Berthier, y Adolfo García

La ceremonia se caracteriza por momentos humorísticos, como aviones de papel lanzados al público y discursos de aceptación interrumpidos por una niña después de exactamente 60 segundos. Sin embargo, detrás de toda la diversión, el objetivo del premio es serio, ya que busca dar una perspectiva alternativa sobre la ciencia y destacar la importancia de investigaciones que a primera vista pueden parecer extrañas. El humor y la simplificación de los temas son herramientas clave para hacer que la ciencia sea accesible y memorable para el público general.

Durante la entrega del premio IgNobel, el doctor García contó cómo se inició la investigación. “Me enteré de que el fotógrafo principal de una revista de la farándula tenía el hábito de hablar al revés”, dijo. Por ejemplo, en vez de decir “viva el tango”, el fotógrafo diría “ognat le aviv”.

Durante largas sesiones fotográficas con modelos, les hablaba al revés, grababa su pronunciación y luego daba vuelta el audio para pasar el rato. El científico García lo entrevistó y confirmó que su habilidad para hablar al revés era excepcional.

Luego descubrió que existía una asociación de hablantes inversos, que se reúnen para conversar mediante frases al revés. De allí surgió un diseño experimental para explorar esta peculiar habilidad.

 “Terminamos convocando a varios hablantes inversos y construimos los estímulos más raros de nuestras carreras para que tanto ellos como personas comunes produjeran diversas palabras, frases y oraciones al derecho y al revés”, relató.

El estudio puede resultar llamativo, pero tiene su justificación científica. El habla inversa es “un excelente modelo para estudiar un aspecto esencial del habla humana: la habilidad de secuenciar fonemas (las categorías de sonidos de una lengua)”.

Esa habilidad humana permite diferenciar palabras tales como “caso”, “saco” y “cosa”, una de los principios básicos de la comunicación verbal. “Básicamente, el habla inversa implica cambiar el orden de los fonemas mientras se mantiene su identidad, por lo que las personas que lo practican constantemente deberían tener patrones cerebrales específicos para manejar sus habilidades elevadas de secuenciación de fonemas”, añadió.

El grupo de investigadores de España y Argentina encontró que los hablantes inversos, comparados con los controles, eran mejores al invertir enunciados, pero no presentaban ventajas en el habla normal.

Además, mostraban configuraciones estructurales y funcionales particulares a lo largo de las vías dorsal y central, que sustentan múltiples procesos fonológicos con apoyo de áreas asociativo-visuales y de dominio general. Esos resultados revelan que las habilidades elevadas de secuenciación de fonemas dependen de grandes redes cerebrales que se extienden más allá de los clásicos circuitos fonémicos.

También respaldan la visión de que el cerebro humano puede desarrollar vías específicas según las exigencias lingüísticas que se le imponen en la vida cotidiana.

 

 

 

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